El arrecife, de Edith Wharton (traducción de Juan Jesús Zaro), Alba Editorial. Fragmento I

De vez en cuando, algún ruido en la habitación contigua le representaba con mayor intensidad la realidad de la situación y la singularidad de aquella inmensa y abigarrada soledad que los acogía a los dos momentáneamente, entre largas filas de habitaciones, cada una de ellas con un secreto distinto. La proximidad de todos aquellos misterios que rodeaban los suyos deparó a Darrow una sensación aún más cercana de la presencia de la muchacha, y a través del humo del puro su imaginación la acompañó mientras se movía de aquí para allá, acarició la curva de sus brazos jóvenes y esbeltos mientras los levantaba para soltarse el cabello, imaginó cómo se bajaba el vestido hasta la cintura y luego hasta las rodillas, así como la blancura de sus pies mientras se deslizaban por el suelo hasta la cama... Entonces se levantó de la silla y se desperezó mientras bostezaba y tiraba lo que quedaba del puro. Sus ojos, al seguirlo, se posaron en el telegrama que había arrojado al suelo. De pro...